El ostracismo fue una forma de destierro en la antigua Grecia. Para decidir quién quedaba apartado de la sociedad, por resultar amenazante u ofensivo para el bien público, los ciudadanos escribían su nombre en un trozo de cerámica o una concha (ostracon); de ahí la etimología de Ostracismo.
Hoy quiero confesar que he cometido el error de enamorarme. Y al escribir imaginariamente mi nombre en esa concha, fui arrojado al ostracismo.
Los pelados vemos el mundo desde la vidriera, sin un mango en el bolsillo.
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